Resistencia del Oídio frente a químicos y variedades mejoradas genéticamente

El Oídio, más conocido comúnmente como “ceniza”, es una enfermedad producida principalmente por dos hongos dependiendo del cultivo en hortícolas:

  • Leveillula taurica afectaría sobre todo a la familia de las Solanáceas (tomate, pimiento, berenjena, etc…). Es un hongo ascomiceto perteneciente al orden de los Erysiphales.
  • Podosphaera xanthii afectaría sobre todo en el sudeste de España a la familia de las Cucurbitáceas (pepino, calabacín, melón, etc…). Este también es un hongo ascomiceto y pertenece al mismo orden de los Erysiphales.

Control del Oídio

El control de esta enfermedad se ha basado principalmente en tres acciones:

  • El uso de las distintas materias activas que existen para su control.
  • La utilización de azufre en espolvoreo.
  • Los avances genéticos obtenidos en la mejora de nuevas variedades tolerantes o resistentes a esta enfermedad.

Si bien la mejora genética es digna de elogiar por su efectividad y durabilidad frente a esta enfermedad, en los dos últimos años estamos viendo cómo la ceniza se está fortaleciendo incluso en variedades mejoradas genéticamente.

Los casos de oidiopsis son cada vez más frecuentes y fuertes. Esto provoca una merma notoria en la producción de los cultivos y se convierte en uno de los problemas más difíciles de manejar en una explotación.

oidio

Oídio

El resto de estrategias de control han quedado obsoletas por nuevas legislaciones:

  • La prohibición de azufre en cultivos bajo plástico.
  • Las múltiples restricciones que han ido aligerando notoriamente el número de materias activas disponibles para luchar contra el Oídio.

Esto último unido a las exigencias del mercado donde sólo permiten 3-4 materias activas por cultivo, y a unos LMR muy bajos, han provocado el “abuso” de las mismas materias una y otra vez. Esto ha provocado una aceleración de la aparición de las temibles resistencias químicas por parte de la enfermedad.

Materias activas como el Azoxitrobin, Difenoconazol y Tebuconazol han quedado prácticamente obsoletas en el control del Oídio. Han pasado de emplear una o dos aplicaciones por año, a tener que utilizarlo cada 15 días obteniendo un control bastante precario de la enfermedad.

Por último y no menos importante, todo esto ha generado una huella en nuestros suelos que tardará años en desaparecer. De hecho, otras materias activas como el Triadimenol y Flutriafol han desaparecido debido a los residuos que van quedando en la tierra durante años.

¿Cómo prevenir el Oídio?

Tras todo lo dicho anteriormente sobre la problemática en los cultivos, una de las estrategias que debe de predominar de ahora en adelante, es la aplicación de productos basados en microorganismos micófagos o antagonistas del Oídio para el control foliar de la enfermedad.

La utilización adecuada de la ventilación, el control de las malas hierbas y sobre todo la importancia de un suelo vivo, nos permitirá el uso de microorganismos endófitos.

Éstos son capaces de luchar contra distintas enfermedades como el Oídio de manera interna y dejando cero residuos en nuestro suelo.

Debemos de ser conscientes que tenemos que intentar producir hortalizas, en la medida de lo posible, de la manera más respetuosa posible, dejando la menor huella de nuestro paso en la tierra. Es por esto que existe la necesidad de restringir lo máximo que se pueda el uso de químicos.

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